Un día, mientras el hambre carcomía su frágil cuerpo, Luna salió en busca de comida. Cerca del lugar donde había escondido cuidadosamente a sus cachorros recién nacidos, encontró una pequeña comida, quizás dejada por alguien desprevenido, o peor aún, por alguien сгᴜeɩ. Desesperada, se la comió. Pero poco después, su cuerpo comenzó a dolerle. Una náusea insidiosa se apoderó de ella y el dolor la recorrió. Algo andaba mal.
Aun así, con una determinación inquebrantable, Luna se obligó a regresar con sus cachorros. Cuando un niño pequeño apareció en escena, sus ojos se abrieron de par en par al ver a la perra madre: débil, temblorosa, pero aún acurrucada protectoramente alrededor de sus pequeños cachorros.
¡Por suerte, ella y sus cachorros fueron rescatados y recibieron una segunda oportunidad! Quédense con nosotros en la primera