Un perro llamado Angelo sufría una condición extraña y dolorosa. Tenía el estómago lleno de piedras, lo que le impedía comer o hacer sus necesidades.
Durante cuatro días, Angelo soportó un gran malestar, lo que despertó la compasión de quienes lo conocieron.
Un testigo comentó: «Su mirada me conmovió profundamente. Dios no permita que alguien haya causado este sufrimiento. ¿Cómo puede alguien ser tan cruel?».

Decididos a ayudar, los veterinarios realizaron rápidamente pruebas, incluyendo análisis de sangre, ecografías y radiografías, para evaluar el estado de Angelo.
Fue necesaria una cirugía para extraer los cálculos, aunque los médicos no estaban seguros del pronóstico ni de si presentaba algún daño interno. A pesar de las dificultades, el equipo veterinario se comprometió a salvar la vida de Angelo.

Tras varios días, los médicos pudieron realizar la cirugía, extrayendo con éxito numerosos cálculos del estómago de Angelo.
Aunque la operación fue un éxito, Angelo permaneció débil y silencioso, lo que preocupó a sus cuidadores. Se preguntaron si aún estaría en shock y continuaron monitoreando de cerca su recuperación.



