Gracias por darnos la oportunidad de amarte, aunque sea por poco tiempo. Gracias por no rendirte, por luchar hasta el final y por permitirnos acompañarte en este desafiante viaje hasta el final de tu vida.

Anthony es un perro sin hogar que sufre un caso grave de TVCT. Cuando lo encontramos, su cuerpo estaba tan delgado que era increíble. Estaba ciego por la enfermedad, débil por el hambre y los parásitos sanguíneos. Pero esos ojos, aunque ya no veían la luz, aún estaban llenos de amor y anhelo. A pesar del dolor, aún sabía cómo poner su cabeza entre nuestras manos, aún sabía cómo apoyarse en el pecho de alguien cuando escuchaba una voz suave. Esa era la vida iluminando una última vez en ese cuerpo exhausto.
Comenzó la quimioterapia en cuanto lo llevaron al centro de rescate. La primera dosis lo dejó exhausto, pero aún esperábamos, aún creíamos, que lo superaría. Esta semana, nos preparamos para la segunda inyección y lo cuidamos mientras luchaba contra los parásitos sanguíneos. Lo alimentábamos lo mejor que podíamos, lo manteníamos abrigado y le susurrábamos palabras de aliento todos los días.

Odiaba estar encerrado en una jaula, porque estaba acostumbrado al aire libre. Pero no podíamos dejarlo vagar libremente, ya que su enfermedad podría contagiar a los demás compañeros del refugio. Aun así, intentamos hacerle sentir que no estaba solo. No lo abandonaron de nuevo. Los voluntarios estuvieron con él todos los días: lo abrazaron, le hablaron y lo amaron incondicionalmente.
Nunca lo culpamos. Si alguien debía disculparse, era con las personas que le dieron la espalda, que hicieron la vista gorda ante el dolor que sentía allí afuera. Lo dejaron luchar en las frías calles, comer lo que encontraran, encogido de frío y miedo. Pero aunque fuera tarde, esperamos que hayas sentido la diferencia: que merecías ser amado, cuidado, que te llamaran por tu nombre —Anthony— y no solo “un perro sin hogar”.

Lamentamos no haber podido estar ahí para abrazarte en tus últimos momentos. Pero recuerda que el amor siempre estuvo ahí, desde nuestros ojos hasta nuestras manos, desde las noches sin dormir cuidándote hasta la pequeña esperanza que pusimos en cada comida, en cada dosis de medicina.
Anthony ahora está en paz. Se acabó el dolor, el hambre y la soledad. Te extrañaremos por siempre: como un pequeño guerrero que nos enseñó lo que significa ser fuerte, creer, sacrificarse y amar incondicionalmente.
Anthony, te has ido, pero nunca te olvidaremos.