“Todavía respiro…”
Mis patas tiemblan a cada paso, como si fueran ramas secas a punto de romperse. El viento me atraviesa el cuerpo, y siento cada hueso bajo mi piel, como si estuvieran gritando por ayuda. Hace días que no pruebo un bocado de comida, hace semanas que nadie me mira a los ojos.
Camino lento, arrastrando mis recuerdos detrás de mí como una cadena invisible. Recuerdo cuando tenía un nombre… No era solo “perro”, era alguien para alguien. Había un patio lleno de sol donde corría libre, donde las manos humanas eran suaves y cálidas. Allí había risas, caricias, y agua fresca en un cuenco de metal que tintineaba cuando lo empujaba con el hocico.

Pero un día, todo terminó sin explicación. La puerta se cerró y no volvió a abrirse. Me dejaron en la calle con un estómago vacío y un corazón lleno de confusión. Al principio esperaba que regresaran. Esperaba junto a la acera, mirando cada coche que pasaba, creyendo que en uno de ellos volverían por mí. Nunca lo hicieron.
Ahora mi piel está cubierta de heridas que escuecen con cada movimiento. Los otros perros me evitan. Algunos me gruñen, otros simplemente me ignoran, como si ya no existiera. Los humanos apartan la mirada cuando paso, como si mi miseria fuera contagiosa, como si mi dolor fuera demasiado feo para verlo.

Pero yo sigo caminando. No porque tenga fuerzas, sino porque mi corazón, aunque roto, todavía late. Tal vez más allá de este camino haya un rincón donde alguien aún vea belleza en lo que queda de mí. Tal vez haya un niño que no se asuste de mis costillas marcadas, que me llame con dulzura y no con piedras.

A veces imagino que cierro los ojos y despierto en otro lugar: un campo verde, sin hambre, sin miedo, sin frío. Donde cada paso no duela, donde cada mirada no sea de desprecio, sino de amor. Donde vuelva a ser alguien.
No sé cuánto más podré resistir. Mi sombra es más grande que mi cuerpo, y mi aliento se hace corto y áspero. Pero mientras quede un poco de vida en mis patas, seguiré avanzando. Porque aunque el mundo me haya olvidado, yo aún sueño con volver a sentir una caricia.
Y si este es mi último día… entonces quiero creer que mi historia no termina en el polvo, sino en el corazón de alguien que, al verme, recuerde que incluso los más rotos merecemos ser amados.