¿Sobreviviré esta noche? No lo sé, ya no siento nada. Ojalá no fuera un perro en mi próxima vida…PI

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Yo, un perro callejero, sentía el filo de la muerte deslizándose por mi pelaje. Pero también tenía una familia, aparentemente feliz, inesperadamente… Me torturaron, me golpearon. Mi corazón latía con fuerza, pero cada latido era tan doloroso como garras.

El hambre me roía; mis costillas sobresalían de mi piel, y el frío de la noche me desgarraba con más fuerza que cualquier bestia. Intenté correr, con las piernas temblando, pero la adrenalina no podía aliviar el vacío en mi estómago. La frontera entre la vida y la muerte era tan delgada como un hilo: hoy era un hueso robado, al día siguiente era arroz sucio.


Mis ojos, aún brillantes, buscaban un rayo de esperanza, pero la calle era cruel. Cada paso era una lucha; cada aullido, un grito al cielo implorando un milagro.


La muerte susurraba en la oscuridad, pero mi alma de perro aún se aferraba a la vida. No soy solo un perro: soy un guerrero herido, oliendo el peligro, pero soñando con un hogar feliz. ¿Sobreviviré a la noche? No lo sé, pero mientras mi cola se mueva, lucharé.