Después de 10 años junto a su dueño, el perro fue abandonado sobre su vieja cama. No come, no se mueve — solo permanece allí, esperando a alguien que ya lo ha olvidado, como si el amor nunca se hubiera ido…Nh

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Después de 10 años junto a su dueño, el perro fue abandonado sobre su vieja cama.


No come, no se mueve… solo permanece allí, inmóvil, mirando la puerta como si en cualquier momento él fuera a regresar.

Las paredes aún guardan su olor, el eco de las risas, las noches de compañía, los días en que corrían juntos bajo el sol. Pero todo eso ya se fue. Lo que queda es silencio — un silencio tan pesado que parece doler.

Su tazón sigue lleno, pero el perro no tiene hambre. Su mirada vacía se pierde en el vacío, aferrándose a un recuerdo que se desvanece. A veces gime bajito, como si llamara a su dueño entre sueños… pero nadie responde. Nadie volverá.

Los vecinos lo ven desde lejos, algunos le dejan agua o un pedazo de pan. Pero él no los reconoce. No busca alimento, busca amor. Espera una voz que lo llame “mi buen chico” una última vez.

Y aunque la lluvia moje su cama, aunque el frío le corte los huesos, él sigue ahí… esperando fielmente a quien ya lo ha olvidado, como si el amor nunca se hubiera ido, como si aún quedara esperanza en su corazón cansado.