Balto, un husky siberiano nacido en 1919, se convirtió en un héroe durante el brote de difteria de 1925 en Nome, Alaska. Liderando el tramo final de la agotadora carrera del suero, guió al musher Gunnar Kaasen y a su equipo a través de una tormenta de nieve mortal, entregando el medicamento que salvaría vidas y asegurándose un lugar en la historia.

Sin embargo, el tramo más largo y peligroso de la ruta fue realizado por Togo, otro perro de trineo liderado por el musher Leonhard Seppala. Togo recorrió casi 420 km (más de diez veces lo que corrió Balto) enfrentando hielo quebradizo, vientos congelantes y noches interminables. Su esfuerzo fue crucial, aunque no recibió la misma fama en ese momento.
La fama de Balto fue breve. Después de la carrera, él y su equipo fueron llevados de gira por Estados Unidos, solo para terminar siendo vendidos y abandonados en un espectáculo ambulante en malas condiciones en Los Ángeles. El perro que una vez fue celebrado como salvador terminó encadenado, desnutrido y obligado a actuar frente a multitudes que ya habían olvidado su valentía.
Finalmente, un empresario de Cleveland organizó una colecta pública que rescató a Balto y a su equipo en 1927, llevándolos al zoológico de Cleveland. Aunque pasó sus últimos años de forma más cómoda, el orgulloso perro de trineo jamás regresó a Alaska.
Balto murió en 1933, y sus últimos años fueron una sombra silenciosa de la gloria que había ganado sobre el hielo.