Los vecinos comentaron que el perro llevaba mucho tiempo deambulando, a pesar de que sus debilitadas patas apenas le permitían mantenerse en pie. Los transeúntes no podían apartar la vista del pobre animal y se preguntaban qué podría estar buscando.

Resultó que Jindol no eга un perro sin hogar; su casa estaba en esa misma zona, donde vivía con sus dueños. La casa estaba muy tranquila, sin señales de actividad. Como sus dueños solían estar ocupados con el trabajo, tenían que salir durante todo el día, dejando a Jindol solo en casa.

Jindol no podía superar la repentina pérdida de su querida abuela. En el fᴜпeгаɩ, se sentó en el suelo y lloró desconsoladamente. Día tras día, seguía saliendo a la calle, sin importar lo duro que fuera el clima.

Con el paso del tiempo, ya llevaba dos años vagando por las calles, y su estado de salud se deterioró rápidamente. El veterinario comentó que su tratamiento sería complicado debido a la insuficiencia renal que padecía. Su avanzada edad lo hacía aún más difícil, pero creían que el amor y el cuidado podrían ayudarlo a mejorar, poco a poco.

Con un poco de suerte, su dolor será reemplazado por alivio, y Jindol podrá disfrutar de una vida en paz para siempre.