Me llamo Gema y, desde que nací, supe que mi camino sería distinto. Mis patitas no son como las de los demás cachorros: una de mis patas delanteras es muy cortita, y la otra se divide en dos pequeñas patitas que a veces no saben hacia dónde ir.

Aun así, cada mañana me esfuerzo por mantenerme en pie. A veces me apoyo en mis patas traseras, como si fuera un pequeño canguro, y doy saltitos torpes tratando de alcanzar el mundo. No siempre es fácil… hay días en los que me caigo, días en los que me canso, días en los que me pregunto por qué soy diferente.
Pero entonces recuerdo algo: estar aquí ya es un milagro. Y mientras mi corazoncito siga latiendo, yo voy a seguir intentándolo.

La gente que me conoce dice que soy fuerte, valiente, una luchadora. Yo solo sé que quiero vivir, jugar, correr como cualquier otro cachorro. Tal vez no pueda hacerlo igual, pero puedo hacerlo a mi manera.
Y aunque mis patitas sean distintas, mi deseo de ser amada es exactamente el mismo.
Gema sigue avanzando. Pasito a pasito, salto a salto. Porque la vida no se mide por la forma de tus patas, sino por la fuerza de tu pequeño gran corazón.