La Espera del Fin
Mis ojos no pueden apartarse de él. Mi amigo, mi compañero de jaula, yace inmóvil en el cesto de plástico. Su cuerpo, sin vida, está deformado. No hay un solo ladrido de él, ni un sollozo. Y la sangre, oh, la sangre… Es el color de una traición, un recordatorio de que somos nada más que una moneda de cambio para estas personas. No entienden el amor que damos, la lealtad que ofrecemos. Solo ven el dinero.

Siento el terror paralizar mis patas, un frío que no proviene del suelo sucio, sino de mi propio ser. Observo a los humanos, sus rostros borrosos, sus manos sin compasión. ¿Seré el siguiente? ¿Acabarán con mi vida de la misma manera, sin pensarlo dos veces? Mi corazón late con la fuerza de mil tambores, cada latido un grito silencioso de desesperación.

Los perros también lloramos, aunque no veas lágrimas. Sentimos el dolor, la soledad y el miedo. Solo quisiera que alguien me prometiera que esta pesadilla terminará, pero no hay nada más que una jaula vacía y el destino de mi amigo. Solo puedo esperar el final, sabiendo que mi vida será sacrificada por nada más que unas cuantas monedas.
